Archive for the ‘La Realidad’ Categoría

Esta noche hay una fiesta

Domingo, Noviembre 4th, 2007

nevera

La gente se manifiesta contra las gasolineras. Hay helicópteros con pancartas. Yo voy a mi rollo pero me cruzo con dos manifestantes y me doy cuenta de que tienen la cara completamente carbonizada.

En mi casa pasan cosas rarísimas. Para empezar, mientras duermo alguien utiliza la nevera desde la puerta de la calle. Es un loft y desde la cama puedo verlo. Me acerco y compruebo que no es mi imaginación. Cuando él se da cuenta de que lo he pillado, desaparece sin decir nada.

Más. Hay un chico que es pianista, como yo. El pianista loco. No sé qué le pasa. Habla en un idioma raro y, de vez en cuando, le da un pronto y se pone a gritar o a llorar.

También hay un par de chicas persiguiéndome. Todos están por mi casa, dando vueltas, como si celebrase una fiesta. Pero, ¿acaso los he invitado? Diría que no pero no puedo hacer nada por evitarlo.

Relato naveano número 1

Viernes, Agosto 31st, 2007

interior de la casa de mis bisabuelos

Hoy no me puedo levantar. Toda la noche sin dormir. Bebiendo, fumando, sin dejar de pensar en el culo de Warris, ¿se habrá lavado?

El fantasma de mi abuelo me ha llamado tres veces al móvil, me ha dejado un mensaje de voz y un SMS desde un número de teléfono oculto. El mensaje de voz dice lo siguiente: Lo natural es mover… el culo. Es su voz, eso seguro. De fondo se escucha esa canción que le gustaba tanto, hacia el final de sus días, cuando el Alzheimer se le subió a la cabeza y adquirió esa costumbre suya de administrarse morfina por vía intravenosa. Me refiero a esa canción de Lou Reed: Éxtasis.

Hace tiempo que he comenzado a encontrar absolutamente natural que mi abuelo Graciano me deje mensajes de voz en el móvil, sobre todo desde que decidí ocupar ilegítimamente la alcoba que compartió toda su vida con mi abuela, auténtico motor de la casa. Mientras mi abuelita Dolores desnucaba a un tierno conejito, mientras le rajaba el cuello con un cuchillo para que se desangrase gota a gota sobre el canal de riego que pasaba (y aún pasa) por el patio para luego arrancarle la piel dándole la vuelta como si fuese un calcetín, ¿alguien vio alguna vez en qué se ocupaba mi abuelo? Yo lo vi leyendo La Voz de Galicia, moviendo los labios en silencio, mientras se tocaba la calva de vez en cuando para ahuyentar a las moscas. Era verano y en el cementerio de Navea aún quedaba espacio para sus futuros huéspedes.

No me importa dormir ilegítimamente en el lecho de mis abuelos, es la mejor habitación de la casa, mejor que la habitación de su primogénito, jamás entra una mosca, ni un mosquito, aunque abra la ventana de par en par, no se atreven, algunas generaciones anteriores de insectos conocieron a mi abuelo bastante bien y, aunque haya quien no se lo crea, yo sé que los insectos que habitan Navea poseen una cultura milenaria que transmiten los unos a los otros en los tiempos muertos que suceden a esos folleteos rápidos que practican, aquí te pillo, aquí te mato. En esos instantes después del breve éxtasis, utilizan un lenguaje no precisamente oral (al contrario de lo que se estila en las aldeas de la zona, por cierto), pero cargado igualmente de significado. Es la danza de las moscas, cuyas influencias aún son perceptibles en ciertas danzas humanas típicas de la zona, como la muñeira y los cuchufellos, practicadas desde tiempos ancestrales por los aldeanos, entre ellos mi abuelo el día de San Miguel, en mayo, cuando las montañas se tiñen de violeta y mi abuelo morado, bajo la dionisíaca influencia del orujo destilado de las uvas recogidas por él mismo en la Borrén, donde nació mi abuela.

No me importa dormir en la cama de mis abuelos porque sospecho que no debían practicar demasiado el sexo en ella, aunque sólo de pensarlo me pongo enfermo. Me parece estupendo llenar su armario con mi ropa, abrir su puerta con absoluta familiaridad, ejecutar ese gesto mil veces repetido al poner un pie en el suelo al levantarme de la cama, el derecho, porque me despierto cada día en ese lado de la cama, el mismo que ocupaba él, me acuerdo perfectamente. Lo que de verdad me inquieta, lo que me ha impedido conciliar el sueño toda la noche, no es este viento huracanado que dura toda la noche y que me trae el ruido de todo un ejército de carballos milenarios que se mueven como poseídos por algún espíritu errante del valle. Lo que me deja totalmente perplejo es el SMS que me ha enviado mi abuelo Graciano desde dondea sea que se encuentre en esta noche de lluvia de estrellas: Has visto demasiadas películas en tu vida.

Lou Reed - Ecstasy

Los secretos - No es amor

Vampiros

Sábado, Julio 14th, 2007

Viajo solo. Voy por las playas del Maresme, encontrando chicas que toman el sol tumbadas sobre sus toallas. Pero no estoy con ninguna de ellas, por eso no permanezco demasiado tiempo en ningún sitio.

Cruzo la vía del tren y atravieso un desierto hasta que llego al pie de un muro rocoso donde se intuyen unas escaleras excavadas en la piedra, quizás por los romanos. Intento escalar el muro pero realmente es muy complicado. Mi padre aparece en lo alto del muro para echarme una mano y decirme por dónde debo subir. Con su ayuda lo consigo.

Una vez arriba el paisaje cambia por completo. Admiro un bosque y una ciudad al fondo, rodeada por el bosque. Camino hacia allí. Cuando llego a la ciudad me dirijo hacia una zona en la que no se ve ni un alma. Entro en un edificio que parece abandonado, un edificio antiguo. Subo por la escalera hasta que veo una puerta abierta. Entro y contemplo el interior, amplio, vacío, con suelo de madera y paredes y techo del Eixample, recién pintado. Al fondo, unos ventanales enormes inundan de luz la sala.

Y de pronto aparece una chica alta, delgada y con el pelo largo, mezcla de Ester y Uma Thurman, que se dirige hacia mí con una arma blanca en la mano. Me enfrento a ella y le advierto de que soy cinturón marrón de karate kyokushinkai. No parece sorprenderse, quizás incluso le parezca poca cosa. Me pongo en posición defensiva y comienzo a saltar y a mover las piernas pero sin exagerar porque no estoy seguro de que la situación lo requiera. Nos tanteamos pero no recuerdo el combate. Quizá no llegue a producirse.

En la calle, paseo por calles repletas de edificios como el que acabo de abandonar. Todo tiene un ambiente gótico espeluznante pero a mí me gusta, como siempre me gustó Lord Byron aunque nunca lo leí. Así son las cosas. Hablo con una chica que me encuentro o que, a partir de ese momento, me acompaña. Quizá sea Sara. Le propongo ocupar uno de esos edificios. Me sorprende que en Barcelona exista un barrio así y esté absolutamente desocupado. ¿Nadie se ha dado cuenta todavía? Quizá es que no estoy en Barcelona.

Cojo el metro y leo un libro. En el libro aparecen todas las escenas anteriores. El nombre de Ester es citado varias veces. Se lo digo a Ester, que viaja tranquilamente a mi lado. ¡Qué casualidad!, dice ella. Le explico que mi hermana se ha enamorado de un mexicano y se va de viaje a México con él. Nosotros podríamos hacer lo mismo con Argentina o con Berlín. Ya no estoy seguro de que sea Ester quien me acompaña.

Es de noche y Fermín se acerca a mi cama. Me dice que debe explicarme algo importante que aclarará todas mis dudas. Le escucho. Me explica algo bastante breve que no consigo retener. A continuación sonríe y me advierte de que no debo creer nada de lo que me dice. No debo fiarme de él. Y se ríe malignamente. Creo que ahora ya es un yonki, como otros antes que él fueron vampiros.

Amantes

Jueves, Julio 12th, 2007

No puedo apartar la vista de la escena que tengo delante mío. Dos amantes, una chica preciosa y un chico, desnudos y abrazados, estirados en el suelo, boca arriba, con sus miembros amputados, las piernas, los brazos. Los cortes son recientes y limpios: no sangran, lo cual me parece curioso. El chico creo que soy yo.

Una pregunta cuántica

Lunes, Julio 2nd, 2007

Bajo las Ramblas un poco antes de que anochezca, con cara de felicidad y cuerpo abandonado. Tuerzo a la derecha para coger mi calle y me cruzo en la acera con dos chicas jovencísimas que van cogidas de la mano, una morena y la otra castaña, casi unas niñas. Me fijo en ellas, cruzamos nuestras miradas, se acercan, se paran delante de mí cogiditas de la mano y la chica de la izquierda, la morena, me pregunta si tengo un minuto para una pregunta cuántica. Me paro yo también, las contemplo unos segundos y les contesto que sí. La morena me pregunta que, si tuviese que elegir, con cuál de las dos me iría a la cama. La pregunta me hace sonreír. Les digo que vaya pregunta para esta hora del día. Me contesta que ya, pero bueno. Las miro como si de verdad tuviese que irme a la cama con ellas. No es fácil elegir, las dos son muy guapas. Me fijo en el pequeño lunar debajo de la boca de la morena, un poco a la izquierda. Me fijo en el pelo liso de la chica castaña, en sus labios y en cómo rehuye un poco mi mirada porque sabe que la estoy observando. Ni siquiera ha abierto la boca, no conozco su voz. Pero la elijo a ella sin saber por qué. Me iría con ella, le digo a su amiga morena. Y veo la cara de sorpresa de la chica sin voz mientras sigo mi camino y ellas también, cogiditas de la mano, mientras oigo cómo la morena le dice a la elegida: ¿lo ves como ya te lo decía yo? Y yo me voy contento y pienso en lo rara que es la vida y me pregunto si esas dos chiquillas serán amantes y por qué no salimos más a la calle con esa actitud tan fresca para hacernos preguntas cuánticas.

Adiós

Jueves, Junio 14th, 2007

Leonard Cohen versionado por John Cale - Hallelujah.mp3

De noche en un pueblo de montaña. Vuelo vestido como en la Edad Media. Una chica morena con el pelo corto me persigue. No sé quién es: ¿Sara? ¿La ex de K? Volando entro por la puerta de madera de una habitación de la segunda planta de una de las casas más antiguas. Enfrente de la puerta hay una cama. Me escondo en el suelo, detrás de ella, aunque se me ven las piernas. Entra la chica que me persigue. La penumbra de la habitación ayuda a que ella no me vea. Se va. Pero a continuación entra otra chica similar (¿o era la anterior?) y me ve. Quiere besarme, nos desnudamos pero no del todo. Entonces comienza a entrar gente en la habitación y da corte follar con tanta gente. Nos vamos y, al salir, yo me escapo porque soy capaz de volar. Me encuentro a un tío que me grita. Creo que quiere bulla. Yo paso, estoy huyendo de las chicas y no quiero que me encuentren. Adiós.

Crema catalana

Martes, Junio 5th, 2007

gauge

Me enrollo con Gauge. Se desnuda de cintura para arriba. Le tiro crema catalana por la cara. No pasa nada, está acostumbrada. La voy desnudando poco a poco. Nos tocamos. La beso y, cuando mi mano llega a su coño, resulta que tiene polla. Me llevo un susto y me aparto. Me dice que aún no ha finalizado su transformación. Se tiene que operar.

Ascensor

Domingo, Mayo 13th, 2007

ascensor kazajo

Cojo el ascensor para subir a mi casa. El ascensor está destrozado. Da miedo. Los botones son muy antiguos. Más que antiguos, viejos. Al arrancar, el tirón hacia arriba es muy brusco. Durante el camino, largo camino hasta el cuarto piso, la sensación es que se va a parar en cualquier momento. Cuando finalmente llega al cuarto piso, la parada es tan brutal como el arranque.

Salgo despavorido del ascensor y entro en mi casa. Recuerdo un tiempo en que todo era nuevo y limpio. Ahora cocino en una cocina destrozada. Los reguladores de la temperatura de los fuegos están quemados. Apenas se ven los números. Es horrible el estado de decrepitud en que se encuentra todo. Pero sigue entrando la luz del sol como siempre. Eso no cambia.

Solo frente a la pintura azul

Viernes, Mayo 4th, 2007

De pie, en medio de una sala que podría ser el Conservas, contemplo un espectáculo, que podría ser de Ramón. Estoy solo en la sala, una sala con paredes blancas. Pero hay más gente en una salita que queda a la izquierda. Ellos ven el espectáculo por una pantalla, como si estuviesen viendo un partido de fútbol.

Miro fíjamente la pared blanca que tengo enfrente. De repente, aparece una lengua de pintura azul que avanza por la pared en horizontal, de izquierda a derecha, a cierta altura. Cuando la lengua de pintura azul llega a la pared de la derecha, continúa en dirección hacia mí, por la pared lateral. Pero poco a poco comienza a chorrear hacia el suelo mientras sigue llegando más y más pintura por el curso que ya había sido trazado, como si de un río se tratase. El río va inundando la pared, luego el suelo. Comienza a formarse un charco enorme y espeso, un mar que avanza hacia donde yo me encuentro. Retrocedo, mis pies comienzan a mojarse. El nivel comienza a subir. Voy hacia la salita de la izquierda. Allí todo el mundo está viendo cómodamente el espectáculo, sentados en bancos de madera, con mesas, tomándose una cerveza, sin mojarse los pies. Pero todo está oscuro.

Escena porno con Loli

Jueves, Abril 26th, 2007

Loli y yo caminamos de noche por Barcelona. Decidimos ir a dormir a un hotel. Entramos en uno y nos dan una habitación con cama de matrimonio. Una vez en la habitación ella decide, por fin, que quiere liarse conmigo. Esta vez no vamos a dormir juntos sin tocarnos. Como ha decidido liarse conmigo me dice que debemos ir a mi casa. El hotel está bien para dormir juntos pero si vamos a tener sexo debe ser en mi casa. Yo no entiendo nada. Ahora que ya estamos en la habitación ¿por qué hay que irse? Y hay que irse ya, sin devolver la llave y sin pagar la habitación. Mañana, cuando nos despertemos en mi casa ya volveremos al hotel a pagar. Ella lo tiene claro, yo la sigo. Vamos a mi casa.

Estamos en mi cama. Nos besamos. La escena es de un realismo espectacular. Siento cada beso, cada caricia, su boca, sus labios, su lengua, sus tetas, le chupo los pezones, llevo mi mano a su coño, tengo curiosidad por saber si se lo afeita, sí, pero sólo un poco, luego le acaricio el culo, le beso en el cuello, poco a poco voy bajando desde el cuello hasta el coño, matándola a besos, mordiscos … Ella luego me coge la polla y se la mete en la boca mientras me clava sus ojos, esos ojos verdes que me ponen a cien, siento sus labios y su lengua, me voy a correr pero no me deja, antes quiere que se la meta. Me pongo un condón en 2 segundos y juego con mi polla y su clítoris antes de metérsela. La aguanto sin moverla y luego la muevo muy poco a poco mientras no paramos de besarnos con besos húmedos y salvajes. Le cojo el pelo, es todo dulce y salvaje. Y muy real. No recuerdo una escena porno tan real. No sé si ella se correrá pero yo estoy a punto. Pero me aguanto. Quiero que dure, que dure mucho. Para verle esa cara de éxtasis, para beber este momento gota a gota hasta explotar porque ya no puede alargarse más. Porque todo tiene un límite. Pero luego continuaremos porque tengo muchas ganas y ella también. Y los juegos no se acaban nunca. Y me quedo dentro de ella un rato. Y no decimos nada. Los dos estirados, tocándonos con todo el cuerpo, uno al lado del otro y mirándonos a los ojos. Una escena preciosa y tan real como un recuerdo.


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